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miércoles, 21 de marzo de 2012

Rehabilitar una cuadra





Una vez finalizada la rehabilitación.

Es de justicia contar esta historia que trata de patrimonio, de amistad, de conocimientos tradicionales puestos en práctica, y de buenos momentos. Carmelo y su familia y un viejo cuarto de unos diez metros cuadrados son los protagonistas.
Conocimos a esta entrañable familia de canariones hace cinco años. Vinieron como clientes a la casa de turismo rural y trabamos una amistad que espero perdure mucho tiempo Luego continuaron viniendo a Vallehermoso y nosotros también hemos ido varias veces a Gran Canaria. Entre nosotros las relaciones son simples y sinceras, creo que esto pasa cuando se comparte sustrato en cuestiones como el trabajo, la educación, la amistad, el humor o el respeto.


Así estaba el carto.

El otro protagonista pasivo es un desvencijado cuarto de piedra y barro de unos setenta años. Aunque calculo que siempre se utilizó como cuadra, en los últimos años estuvo muy descuidado porque habían metido cochinos dentro, testigo de ello es una gazapera que permitía a los lechones salir fuera a airearse. La parte trasera, que pega al risco y uno de los laterales eran las partes más conservadas del cuarto, lo demás estaba muy deteriorado. El tejado había desaparecido por completo y el agua filtrada había ido desmoronando pedazos de pared.
Habíamos filosofado de lo penoso que era ver por doquier casas abandonadas y derruidas y de lo importante que era para el paisaje y para la memoria, - sí para la memoria colectiva-, recuperarlas. También discutimos la necesidad y el reto de utilizar, como antes se hacía, materiales cercanos al entorno.
Ya sabía yo de la profesión de Carmelo y había visto la rehabilitación de su casa en Lomo Blanco, en Santa Lucía, pero cuando me dijo que preparara materiales que al año siguiente arreglaríamos el cuarto sentí miedo de hacer una chapuza o de malgastar esfuerzo y dinero. Mi imaginación en realidad era escasa.
Pero le hice caso y corté cañas en menguante en el Barranco de Garabato que también pelé y dejé secar. Amontoné unas piedras que encontré por los alrededores y subí a Chipude a bajar de la carpintería de Elías unos tablones de pino canario que había sido cortado en Igualero.
Llegó el momento de su visita, ellos se quedaban en la cercana casa de turismo rural y el plan era trabajar por las mañanas y por la tarde reunirnos en familia para comer o dar una vuelta.



Se aprecia el hierro que iba ocupando los espacios
agrietados

Tras desescombrar y limpiar todo, lo primero consistió en dar los puntos de sutura a la pared. Efectivamente, pasamos finas gavillas de hierro por aquellos lugares de la pared que amenazaban resquebrajarse y lo cubrimos con pasta de cemento, arena y tierra.
Cuando le dije que para aligerar trabajo la pared que faltaba la podíamos levantar a base de tabicas de bloques y luego forrarlas con piedra,
Carmelo me dijo uno de sus socarrones “…si, vamos a ver” acompañado de media sonrisa.




Colcando piedras para levantar una de las paredes
 
Desestimó claramente mi idea y realizó con la ayuda de Lito un concienzudo trabajo para levantar las paredes. Lentamente talló piedras para ambas caras de la pared y fue llenando sus sesenta centímetros de grosor con paciencia.


Marco de la única ventana de la cuadra.

Como marco de ventana utilizamos unos tablones de barbuzano y brezo que mi cuñado me había dado del desescombrado de una antigua casona derruida en el casco de Vallehermoso.





Cumbrera y tiseras de pino canario.
 
El tejado a dos aguas fue lo más complicado: Amarrar las paredes con una especie de viga de corona, cortar los tablones para hacer la tiseras, cortar las cañas y fijarlas a las tiseras, colocar la impermeabilización y colocar las tejas viejas que tenía guardadas
  
En este trabajo participaron Pepe y que en viaje relámpago llegaron desde Gran Canaria, con acordeón y con ganas de farra. Esto último se finalizó muy esforzadamente en una lluviosa y resbaladiza mañana de domingo.
 
Lito y Carmelo colocan el plástico.
 

Preparando el enrasado para recibir las tejas.
 












 La ventana y la puerta la hizo Carmelo en Gran Canaria a partir de maderas de palets que se agenció y que intentó envejecer quemándolas y añadiéndoles unos herrajes castellanos.



El resultado es espectacular. Un cuarto recuperado como almacén para guardar cosas de la casa de turismo rural, mimetizado en el entorno, donde apenas se puede distinguir la parte antigua de la rehabilitada y cuyos materiales son mayoritariamente piedra, tierra, tejas viejas, maderas algunas muy viejas recuperadas y otras procedentes de talas de pinos canarios plantados en La Gomera.

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